Refugiados: somos humanos

Con mi toga y mis tacones

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Ya lo hemos dicho otras veces. Si hay un entrono proclive a la solidaridad y las acciones reivindicativas, ese es el mundo del espectáculo. Sea por algún tipo de especial sensibilidad de los artistas, sea por su poder de transmisión, o sea por ambas, está claro que ahí hay un hervidero de acción para termas que nos estrangulan las entrañas. Y ya hace mucho tiempo que lo que ha dado en llamarse, de un modo eufemístico, crisis de los refugiados, anda estrangulando las entrañas de muchos. Aunque, por desgracia, de muchos menos de los que debiera.

La existencia de refugiados, asilados o perseguidos o huidos de un país no es nada nuevo. Y como tal, ya ha sido objeto de atención en el mundo del cine. ¿Cómo olvidar Noches de sol, y no sólo por las catorce piruetas de un sublime Baryshnikov, o El Último Bailarín de Mao

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