Vergüenza: togas sonrojadas

Con mi toga y mis tacones

verguenza 1 El que tiene vergüenza ni come ni almuerza. Eso es lo que cualquiera de nuestras madres nos dijo más de una vez cuando, en esa etapa de la vida en que todo parece un mundo, poníamos reparos a cualquier cosa so pretexto de que nos daba vergüenza. Y por el aro acabábamos pasando porque una madre en modo madre es algo tan difícil de sortear como La Gran Muralla China.

En el mundo del espectáculo es raro que la gente sienta ese tipo de vergüenza. Al menos a priori. Se supone que el descaro y la desenvoltura son señas de identidad de quienes se ganan la vida subiendo a un escenario. Aunque luego resulta que en las entrevistas muchos de ellos confiesan ser tímidos hasta el paroxismo. ¿Verdad o postureo? Pues de todo un poco, supongo. Aunque para los profanos,  o sufren la Metamorfosis del Dr. Jeckyll y…

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