Puertas adentro: la intrahistoria

Con mi toga y mis tacones

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Es evidente que el teatro, como espectáculo que es, vive de puertas para adentro. De lo que ve el público, lo que desarrolla en el escenario ante nuestros ojos. Fuera quedan lo que ocurre entre bambalinas y más allá, en las vidas de todos los que lo conforman y que nadie puede ver ni mucho menos sentir, por más que siempre haya algún Objetivo indiscreto –o no tanto- que pretenda hacernos creer que nos descubre sus vidas y sus almas. Lo que el ojo no ve es esa parte a la que nunca tendremos acceso. Como las propias vidas de los actores, muchas veces prefabricadas para dar una imagen que nada tiene que ver con la realidad. Como aquel Rock Hudson que nos vendían como prototipo de determinados clichés hasta que su forzosa salida del armario por culpa de una enfermedad maldita nos estalló en la cara. Gigante

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