Anonimato: discreción o escondite

Con mi toga y mis tacones

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Como nos decía la profesora de Fama, la fama cuesta… Y se supone que hay que pagar un precio por ella, el famoso Precio de la fama. Y es que aunque el espectáculo es un mundo donde, por naturaleza, se vive cara al público, no todos sus protagonistas gustan de compartir su vida privada con aquellos que comparten su trabajo. No debe ser cómodo no poder ir a un restaurante o a una playa sin que aparezca alguien dispuesto a pedir un autógrafo –algo anticuado- o un selfie, interrumpiendo a cada instante o estar constantemente perseguido por un enjambre de paparazzis por si fotografían algo digno de una Primera Plana. Hay a quien le gusta y quien lo detesta, y quienes simplemente se resignan a ello como parte del peaje a pagar por su profesión.

También hay quien, en busca de la máxima discreción posible, se parapeta en…

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