Concisión: la segunda C

Con mi toga y mis tacones

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Hablábamos en el anterior estreno –sin ánimo de emular a Fray Luis de León, Dios me libre- de las tres C que aprendí dando mis primeros pasos toguitaconados: claridad, concisión y contundencia. Y de lo necesario que resulta hablar y escribir claro, en el teatro y en la vida, so pena de que la forma impida ver el fondo del mensaje.

Ser conciso es el segundo de los 3 mandamientos. Aunque en este caso no venga Charlton Heston a abrir las aguas del Mar Rojo para descubrirlo. Pero a nadie se le escapa que si se quiere transmitir un mensaje, más vale hacerlo de modo que sea comprensible y, sobre todo, que el espectador no se haya cansado cuando llegue. Mejor saber que Dorian Grey entregó su alma al diablo no sea que cuando descubre el retrato nos pille roncando en la butaca. Y eso es labor de quienes dirigen…

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