Contundencia: la tercera c

Con mi toga y mis tacones

contundencia

No hay dos sin tres. Si en los dos anteriores estrenos hablábamos de claridad y concisión, hoy le ceden el protagonismo a la contundencia, la tercera c. Porque a la tercera va la vencida.
Y es que en el teatro y en la vida, la contundencia es tan necesaria para dar un mensaje como el sol para que empiece el día. Imaginemos que en la crónica de un estreno o en la invitación para asistir al mismo se dijera que tal vez se celebre en lugar de hacer constar día y hora. O una crítica de cine donde se nos dijera que la película no es buena, ni mal sino todo lo contrario. Hamletear está bien, pero depende de cuándo. Y si se ha de transmitir una decisión, una petición o un mensaje, ha de hacerse en términos precisos. Con contundencia. Sin que deje al espectador entre el

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