Naturalidad: el difícil equilibrio

Con mi toga y mis tacones

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Desde siempre, no recomiendan comportarnos con naturalidad. Eso es fácil si a una no la conoce nadie más allá de amigos y conocidos y residentes en su ciudad, como decían en el Un, Dos, Tres, Responda otra vez de mi infancia. Pero cuando se alcanza cierto grado de fama, de notoriedad o de conocimiento público, del tipo que sea, la cosa se pone más difícil.

Ello es especialmente patente en el mundo del espectáculo y sus aledaños, donde basta con salir unos minutos en televisión para que la gente te pare por la calle, quiera hacerse un selfie o, sencillamente, te mire raro. Y no es cosa sencilla aguantar el tirón, por más que lluevan los consejos, unos bienintencionados y otros no tanto. Pero encontrarse de la noche a la mañana con miles de fans, de followers o de admiradores debe ser algo alucinante -o espeluznante, como diría Iker…

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