Omisión: lo que hace no hacer

Con mi toga y mis tacones

ignorar

El mundo del espectáculo se caracteriza por un hacer constante. Se hacen películas, obras de teatro, se montan ballets o se organizan conciertos o exposiciones. De poco sirve el talento si no se exhibe al público. Y allá quedarán, escondidas en un rincón, tantas obras anónimas que no vieron la luz, como nunca la habría visto Harry Potter y todas sus secuelas si la hija de uno de los lectores de una editorial no hubiera descubierto el manuscrito en el maletín de su padre.  Lo que nunca nos dijimos se queda para siempre sin decir. Y, a veces, se puede hacer mucho no haciendo.

La omisión tiene un papel muy importante en las funciones que se desarrollan en nuestro teatro. Además de ser un tema infumable de la oposición –al menos así lo recuerdo de mis tiempos de opositora-, tanto en su modo directo como indirecto puede dar lugar…

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