Viceversa: cuando somos víctimas

Con mi toga y mis tacones

delincuente

A veces es bueno verse en el otro lado. En mundo del espectáculo no es infrecuente la inversión de papeles, y hasta la conjunción en uno solo. Actores que pasan a ser directores hay muchos, inclusos algunos con más éxito o reconocimiento que en su ocupación original, como Robert Redford, que consiguió como director el Oscar que se le resistía como actor por Gente corriente, o Clint Eatswood y sus Puentes de Madison. Y tampoco es extraña la incursión al revés, basta con recordar la afición de Hitchcook de salir al menos un instante en las películas que dirigía.

En nuestro teatro, con la salvedad de quienes ejercen la abogacía que, sin dejar su toga, ora son acusadores, ora defensores, en un ejercicio de esquizofrenia digno de admiración, no somos demasiado proclives a cambiar nuestros papeles. Ni siquiera los fiscales , que, aunque en más de una…

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