Sensibilidad: no somos de piedra

Con mi toga y mis tacones

sensibilidad

El arte se alimenta de sentimientos. No hace falta decir que por refinada que sea la técnica, perfecta que sea la ejecución o impecable el guión, si no toca el corazón, no vale nada. Llegar directo al alma es lo que hace que obras técnicamente peores logren el triunfo que les es esquivo a otras de factura exquisita e irreprochable. Es esa cosa intangible llamada talento, ángel, duende o cualquier otro nombre similar. Es la cualidad de mover los sentimientos, aunque a veces el cine se pase de frenada y sea demasiado fácil traspasar la línea que separa la sensibilidad a la sensiblería. Tampoco es necesario que no demos abasto para sorbernos los mocos, como ocurría en películas como Love Story o Campeón, que menuda jartá de llorar. O aquella serie de mi infancia, La casa de la pradera, tan lacrimógena que la conocíamos como La casa de…

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