Pérdidas: lo que nunca querría escribir

Con mi toga y mis tacones

niña-triste

Los obituarios son parte imprescindible de la vida y, por supuesto, del mundo del arte. Los homenajes a personas que se han ido siempre llegan aunque hay que reconocer que, según la persona de que se trate, con mayor o menor emoción, con mayor o menor sinceridad. También es cierto que el ser humano tiende a ser desagradecido, y no valora en vida lo que valora cuando ya la persona no puede oírlo. También tiende a ser  hipócrita, y canta alabanzas de quien no las merecía tanto solo por el hecho de que haya muerto. Ni una ni otra postura es buena, aunque sí lo es homenajear a quien lo mereció. Hablar De parte de la princesa muerta, despertar La voz dormida o hacer un buen Epitafio de quien lo merece no solo es algo que se puede hacer: es algo que se debe hacer, y a ello vamos.

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