Trampantojos: ilusiones ópticas

Con mi toga y mis tacones

tarta sandía Jugar con la ambigüedad, con ser una cosa y parecer otra es un buen recurso para el mundo del arte. A veces, simplemente estético. Otras, necesario. Hombres vestidos o travestidos de mujeres por una u otra razón son moneda común en el mundo del cine, como hacen la Sra. Doubtfire, Victor o Victoria, Tootsie o Flor de otoño, aunque también se da en sentid contrario, al modo que lo hizo Juana de Arco o Concepción Arenal, La visitadora de prisiones. El hacer pasar una cosa por otra es también el espíritu de obras de Dickens como El príncipe y el mendigo o hasta un modo de supervivencia en la Alemania nazi, como le ocurre al protagonista de Europa, Europa  o a Anthony Quinn en La hora 25. En definitiva, hacerse pasar por lo que no se es resulta tan frecuente como atractivo. O no, según…

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