Aforo: el límite increíble

Con mi toga y mis tacones

20200619_162839

Cuántas veces no habremos visto en películas escenas de estadios, escenarios o salas de fiestas llenas hasta los topes. En algunos casos, incluso, ese exceso de aforo da lugar a una catástrofe, como la del Titanic y su famoso naufragio, o la de El coloso en llamas. En otras, como Invictus, era precisamente la cantidad de gente que llenaba el estadio lo que se buscaba para conseguir lo que se pretendía.

La verdad es que, salvo alguna que otra excepción, nunca pensé que el aforo fuera algo que tuviera la más mínima importancia. Pero mira tú por dónde que ha tenido que ser un bicho microscópico el que impida que nuestras salas y juzgados se llenen mínimamente. Atrás quedaron los tiempos en que se nos abarrotaban las salas con público, con familiares de las partes o con centros educativos o facultades con la curiosidad recién estrenada. Y…

Ver la entrada original 1.133 palabras más

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: