Abrumada: mil gracias

Con mi toga y mis tacones

El género autobiográfico es uno de los más difíciles de cualquier vertiente artística. Quien escribe sobre sí misma se derrama en cada palabra hasta quedarse exhausta, y los sentimientos salen a flor de piel. Tengo claro que no soy Almodóvar rodando Dolor y gloria, ni tampoco pretendo serlo, pero hoy toca hablar de mí misma. Y de mucha más gente.

En nuestro teatro somos gente poco dada a expresar sentimientos. Poco o nada. Y además tenemos la mala costumbre de quejarnos cuando las cosas están mal pero no decir nada a quien las hace bien. Y de vez en cuando, viene bien una palmadita en la espalda.

De eso era de lo que quería hablar precisamente hoy. Esta semana fui objeto de una canallada. Quede claro que, pese a ser yo fiscal y este blog hable de Derecho, me cuido muy mucho de calificarla jurídicamente. Tiempo habrá para…

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