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#FiscalesON: cosas que oímos

Con mi toga y mis tacones

20190218_210036Ya sabemos que lo que ocurre en juzgados y tribunales es muy atractivo para el mundo del cine y del teatro. Series y películas tiene un verdadero filón con ello. Pero, pese a ello o tal vez por su causa, ya que nuestra cultura audiovisual es fundamentalmente anglosajona, la mayoría de gente conoce a los y las fiscales solo de oídas. Y nos imagina paseando de uno a otro lado de la sala como en Vencedores y vencidos, Presunto inocente, Testigo de cargo, Algunos hombres buenos, El jurado o en series como La fiscal Chase, Juzgado de guardia o Turno de oficio, solo por citar algún ejemplo. Aunque tampoco es infrecuente que se nos ignore olímpicamente.

Estas cosas, las que cuenta la prensa, y alguna más salida directamente de la imaginación, hacen que se tenga una visión distorsionada de la realidad de Toguilandia y en particular, de Fiscalilandia

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Sastrería: maestros de la costura

Con mi toga y mis tacones

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Como todo el mundo sabe, un buen vestuario es esencial en cualquier espectáculo que se precie. La falta de cuidado en él puede dar al traste con la mejor de las películas, por buenos que sean guión e intérpretes. Hay veces que es el propio vestuario, y quienes lo confeccionan,  quienes asumen el protagonismo de las obras, como ocurre en El tiempo entre costuras, Pret a porter o El diablo viste de Prada. En otros casos, es la vida de los propios modistas y modistos las que dan lugar a interesantes biopics, como ha ocurrido con Coco Chanel, Versace o Yves Saint Lorent.

  En nuestro teatro estamos lejos de ser fashion victims, que la toga –o el batín negro, como le llaman algunos- da muy poco juego, la verdad, por más que la acompañe de mis imprescindibles tacones. Aunque su uso ha dado lugar a más…

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Agendas: nuestra cartelera

Con mi toga y mis tacones

FB_IMG_1549802141508Una buena organización siempre es esencial, incluso entre los artistas, por más que tengan fama de bohemios y anárquicos. Y no hay organización que se precie sin una buena agenda, sea cual sea su soporte físico. Sin ella, no sabrían cuándo tienen bolos, o se les solaparían unos con otros sin remedio. Y, al fin y al cabo, ¿qué es una cartelera de cine sino una agenda? Así que, sea La agenda oculta, o sea bien visible, no podemos prescindir de ellas.

En nuestro teatro, las agendas tienen un lugar preferente. Sean las del juzgado, la personal o la de los profesionales, sea manual o digital, es uno de nuestros imprescindibles. Hasta el punto de que perderla puede convertirse en una auténtica tragedia. Con llanto, rechinar de dientes y todo.

Cuando empecé mi andadura en Toguilandia, siendo todavía una fiscalita en prácticas, mi tutor me dijo algo…

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Herramientas: Kit de supervivencia

Con mi toga y mis tacones

kit

Las situaciones límite son un escenario idóneo para cualquier obra de teatro, novela o película. Sentirse Acorralado en plena guerra es lo que hizo a Rambo pronunciar su ya clásico “no siento las piernas” . Y aunque vernos Al límite hace aguzar el ingenio, nada como un buen kit de supervivencia para estar en disposición de enfrentarnos a lo que sea. Que no todo el mundo puede ser Mc Gyver, que igual desactivaba una bomba con un chicle y una goma de pelo que la fabricaba con una lata de judías caducada y un clip sujetapapeles.

En nuestro teatro, aunque no hay guerras con fusiles ni hay que fabricar bombas, sí que hay más situaciones límites de lo que la gente cree habitualmente. Y guerras, no lo dudemos. Que nos lo digan sino a quienes llevamos familia, que mas de una vez nos hemos encontrado reviviendo La guerra de…

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Pseudodelitos: el otro Código Penal

Con mi toga y mis tacones

pseudodelitos

No es oro todo lo que reluce, ni artista todo el que se jacta de serlo. En el mundo del espectáculo están los de verdad, los que trabajan por y para ello, y Los otros, los advenedizos que aprovechan su momento de gloria por cualquier causa para tratar de hacerse un hueco donde no les corresponde. Original y copia, que no suele salir bien, aunque dé que hablar . Lo que podría llamarse El intruso.

En nuestro teatro, como en todas partes, hay quien intenta hacerse pasar por lo que no es. Ahí tenemos el reflejo en el castigo del intrusismo, esto es, ejercer actos propios de una profesión careciendo del título para ello, o la agravante de disfraz, de la que ya hablamos en el estreno dedicado a las circunstancias agravantes 

Hoy no voy a hablar desde ese lado, sino desde otro que cada…

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Malentendidos: el mundo al revés

Con mi toga y mis tacones

una-colonia-budista

La literatura y el cine se han servido mucho de los malentendidos, especialmente para hacer humor. Miles de comedias románticas se nutren de esos malos entendidos entre sus protagonistas que ponen miga a la trama y no se resuelven hasta el final, como ocurre, entre otras con El novio de mi mejor amiga o el padre de la novia, esos  finales lo que aclaran todo – o no- al estilo Cuatro bodas y un funeral o Los amigos de Peter.

Nuestro teatro es poco dado a las comedias románticas, aunque no dudo que algún romance que otro se haya gestado entre estrados y togas. Pero sí que da lugar a algunos malentendidos de todos los tipos.

Uno de los que más recuerdo fue el de un juicio, muy sonado en su momento, en que el quid de la cuestión estaba en las últimas palabras que se oyeron a…

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El secreto profesional de los abogados y el correo electrónico

El blog de José Muelas

¿Cree usted que nadie le escucha cuando habla con su abogado o que nadie interviene —legal o ilegalmente— sus comunicaciones con él?

La pregunta no es retórica, sin privacidad en las comunicaciones abogado-cliente el derecho de defensa no existe y, si no existe el derecho de defensa, tampoco existe el estado de derecho.

Ya les he hablado alguna vez de mis más que serias sospechas sobre la privacidad de las comunicaciones en los locutorios de las prisiones, sospechas que me han llevado a plantearme muy seriamente la conveniencia de no recibir información sensible de mis clientes en las comunicaciones realizadas en dichos locutorios porque, digámoslo con franqueza, mi sensación es que los abogados somos escuchados más a menudo de lo necesario y mucho más de lo que la ley permite. Permítanme que les cuente una historia real a propósito de una red llamada «Echelon». Si usted ya lo sabe…

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