Síndrome postvacacional: otra vez

Con mi toga y mis tacones

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Cada año pasa lo mismo. El verano termina, se acaban los bolos y las galas estivales, y el mundo del espectáculo tiene que reinventarse de cara al nuevo curso. Nuevas programaciones, nuevas obras y nuevos proyectos mientras van quedando lejos actuaciones al aire libre y algún ratito de asueto en traje de baño. Nos ponen por enésima vez en alguna cadena de tele o radio al Duo Dinámico cantando lo de El final del verano, y se acabó. Cada mochuelo a su olivo. Se acabó El mejor verano de nuestras vidas, el peor, o uno más. Y a regresar como los chicos de Grease contando las aventuras estivales al ritmo de Tell me more.

Aunque haya quien no lo crea, también nuestro teatro sufre del síndrome postvacacional, y de un modo especialmente intenso. Porque, como ya hemos dicho alguna vez, lo nuestro no son vacaciones sino

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